jueves, 2 de marzo de 2017

GRITO

Voy perdiendo la cuenta de los días
sin advertir apenas
que el aire está preñado de un aroma a mimosas,
que tal vez esta noche
revienten en mi cara los brotes de los prunos
y una nube rosada envuelva esta tristeza,
que los parques rebosan de niños y de ancianos
en esa nueva luz de atardecida.

Voy perdiendo la cuenta 
sumida en el vacío de tus ojos,
en esa indiferencia 
con que cambias el mando de la tele,
en ese abismo oscuro
que intento adivinar en tu mutismo.
¡Si pudiera pasarte
un poco de la vida que me sobra!

A duras penas logro ahogar, sin una lágrima,
el grito de mi pecho.

miércoles, 8 de febrero de 2017

VEJEZ

Cuando ya no emocionan
los poemas de amor 
y los "te quiero" suenan
igual que calderilla en el bolsillo

cuando una ya ha aprendido
que no puede engañarse con quimeras
y tan solo ve ranas
al mirar a los ojos a los príncipes

cuando la soledad es un refugio,
una adictiva droga
y no hay mejor abrazo
que el que nos dan las sábanas vacías

cuando salir de casa
en busca de emociones engañosas
no merece la pena, porque luego
la verdad implacable nos sepulta

quiere decir que la vejez asoma
su decrépito rostro y ya no queda
ni un árbol como deben ser los árboles:
con una hermosa rama donde ahorcarse.

martes, 24 de enero de 2017

TUS MANOS

Intento abrirme paso entre esta niebla,
de verdad que lo intento,
bracear en las aguas oscuras de la noche
y llegar a una orilla
donde brille a lo lejos una luz de esperanza.

Intento recordar cómo es la risa,

saber si alguna vez besé otros labios,
si mi piel se encendió junto a otra piel,
si lloré por amor,
si creí ser feliz, si aquel deseo
que engulló un espejismo revivía.

Pero no reconozco mis edades

en ninguna emoción que haya vivido;
de aquello, si ocurrió, no queda nada.Solo puedo observar cómo se afilan 
las líneas de tu rostro,
escuchar tu silencio impenetrable,
buscar en tu mirada una señal.

Y mirar y mirar esa blancura,

esa piel transparente de tus manos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

RESONANCIAS

Todavía me quedan, entre versos
que nunca te escribí,
unos besos perdidos apenas sin usar,
en buen estado.

Y son de buena ley,
de los que no se agrían con los años,
aunque pueden guardar
un antiguo regusto a despedida,
cierto aroma a sarmiento y resonancias
de roble y de derrota
que duran en la lengua
cuando en algunas noches
quema la soledad.

domingo, 11 de diciembre de 2016

FELIZ AÑO



No lo tomes a mal, 
lo hago en defensa propia; me hace daño
tu fría indiferencia, esos dos besos
apenas sin rozarnos las mejillas,
que me cuentes que todo va muy bien
y que ni un pestañeo te delate
si me echaste de menos una noche,
no sé, al mirar la luna o escuchando
la voz de Diana Krall.

De sobra me conoces, sabes que no podría 
fingir que no me importa, sonreír
y hablar de que este invierno no hace frío
pero ha llovido fuerte por el sur.
Tendría grandes dudas, entre comerte a besos 
o arrojarte a la cara el Marqués de Riscal,
ambas opciones fuera de lugar.

Que tengas feliz año y mejor vida,
esa que has elegido y en la que yo no estoy.
Mas no puedes pedirme que te vea,
no sirvo para tanta corrección.

Por cierto,
te olvidaste en mi casa mil abrazos
y una maquinilla de afeitar.

viernes, 9 de diciembre de 2016

DEL SUFRIMIENTO

En esta sociedad tan hedonista en la que estamos inmersos para bien o para mal, el sufrimiento está muy mal visto; a todo trance hay que ser feliz, y si no se es, se finge serlo. Nos bombardean con mensajes que proclaman el valor infinito de la sonrisa, como si la sonrisa se pudiera separar de la sensación que la produce, como si no fuera sino el reflejo de un sentimiento placentero más o menos profundo, más o menos duradero. Se aconseja huir del sufrimiento, evitar las situaciones que nos hacen sufrir, como si no fueran incluidas en el pack de la vida, como si se pudiesen apartar con el tenedor, igual que hacen los niños con los guisantes que se encuentran en el guiso. Como si fuera posible disfrutar el estofado saltándose los sabores amargos.

Incluso hay pensadores ilustres que nos dicen que el dolor es real y el sufrimiento opcional. Y más aún, que el sufrimiento es una pérdida de tiempo cuando hay tantos motivos para disfrutar. A mí que me lo expliquen, porque yo no sé cómo se hace eso, cómo se puede decidir: esto lo siento, esto lo vivo y esto otro, no, porque el sentimiento no es algo voluntario. En lo que se refiere a lo más próximo a nosotros, a los seres que amamos ¿cómo podemos no implicarnos, no sufrir cuando los vemos sufrir a ellos?

En estos casos siempre hay alguna mente preclara que nos dice cosas como "¿Pero por qué te preocupas si no puedes hacer nada? La respuesta me parece obvia: pues precisamente por eso, porque no puedo hacer nada. Si pudiera hacer algo, no me preocuparía, lo haría. Otra cosa es que cuando se trata de una situación dolorosa de larga duración, pongo por caso una enfermedad terminal de un ser querido, no sea necesario tomar de vez en cuando un poco de aire, buscar una evasión momentánea que nos oxigene el corazón y nos arranque una sonrisa, para luego poder seguir al pie del cañón. Es una terapia imprescindible para no quemarnos y poder dar algo bueno de nosotros, para seguir haciendo lo que debemos hacer y estar donde debemos estar. Aunque muchas veces, inmersos como estamos en la dinámica del dolor, tengamos que forzar nuestra voluntad para salir de esa dinámica un rato.

Además de los dolores de ámbito privado, los desastres generales con los que nos bombardean las noticias también nos hacen sufrir, pero hay que reconocer que muy poco, mucho menos que lo particular. Podemos contemplar, por poner un ejemplo, las calles de Alepo arrasadas, los niños llorando a gritos sin consuelo, niños que por su edad no han conocido nunca otra vida, que han nacido y crecido entre los escombros y guardan en sus ojos todo el dolor del mundo, adultos como nosotros, con unos sueños y proyectos como los nuestros, a los que les han robado todo obligándoles a huir a otro mundo, un mundo que además no les quiere, y después de ver eso sentarnos a cenar tranquilamente, tomarnos la ensalada y la tortilla de patata  e incluso después disfrutar un gin-tonic. En el mejor de los casos, se nos caerán unas lágrimas a los más impresionables y a los que aguantemos unos pocos minutos sin cambiar de canal. Y, con suerte, nos sirve para hacernos comprender que, a pesar de todo, somos afortunados. Y para dejar, al menos por un breve instante, de mirarnos el ombligo.

Sí, el dolor, querámoslo o no, forma parte de la vida. Y por si fuera poco con los dolores que nos vienen dados, nosotros solitos con demasiada frecuencia nos buscamos otros sufrimientos gratuitos y estériles, sobre todo los derivados de las cosas del querer. El amor es una droga alucinógena que nos vuelve adictos e irracionales, porque las sensaciones que produce, tanto las positivas como las negativas, son extraordinariamente intensas. Y ejerce sobre nosotros una atracción fatal que nos empuja a tirarnos de cabeza a una lucha cuerpo a cuerpo -en el sentido literal de la expresión- que en muchos caso sabemos perdida de antemano, a cambio de la remota esperanza de alcanzar una sensación de felicidad, muy intensa, sí, pero fugaz y engañosa, que solo nos deja dolor, pérdida de autoestima y frustración. De este tipo de sufrimiento, previsible y evitable, es del que hay que huir como de la peste bubónica, pero casi nunca lo hacemos. Parece que nos va la marcha. O quizá es señal de que estamos vivos, yo qué sé. Con el agravante de que cuánto más jodidos estamos, cuánto más nos acogota la tristeza, más vulnerables somos y más propicios a caer en las garras de esa droga.

Tal vez la solución esté en la poesía. Celaya nos dejó dicho:

No quedarse en suspenso preguntando
por qué existen los seres y no el cero.
No solo contemplar, neutral y ausente,
el mundo de los hombres y los dioses.
No lavarse las manos ante ciertos
horrores cotidianos. No negarse
y pedir el descanso de la muerte
cuando hay tanto que hacer y tanto fango,
sin haber aportado nada al orden.
Tu deber es vivir: luchar alegre.

domingo, 4 de diciembre de 2016

LA LUZ

Al cabo de mi vida he muerto muchas veces
pero siempre volvía a pesar de mí misma.
siempre nacía una célula rebelde
negando que el dolor fuera mi hábitat,
que la tristeza fuera una costumbre
o un vicio malsano.

Y encontraba un resquicio entre mi carne
para volver al mundo de los vivos,
un fulgor con la forma de un abrazo,
un deseo impreciso o una lágrima
por un tiempo imposible, una sonrisa
que brillaba a lo lejos, que brillaba.

Hoy he muerto, por fin, definitivamente.
Me ha vencido la vida, ya no veo
esa luz redentora allá en límite
de todos los dolores, ni siquiera
cuando miro hacia atrás puedo encontrarla,
ya no me reconozco en ningún cuerpo.

Ya no sé cómo hallar el camino a mi casa.

sábado, 26 de noviembre de 2016

IDIOSINCRASIA (Magnífico poema de José Pozo Madrid contra la violencia machista).

Con mi gratitud porque un poeta varón grite contra estos crímenes.

Te he dejado
una nota pegada en la nevera
con la lista de cosas 
que quedan por comprar,

he lavado las sábanas
con los restos de sangre de los últimos golpes
y en el tercer cajón
de la segunda puerta
tienes recién planchadas las camisas.

Tendrás para ir tirando
unas cuantas semanas, más o menos decente
a los ojos de todos.

No te olvides
de llamar a tu madre cualquier día.

De paso
me llevo la basura y los recuerdos
hasta el contenedor.

(José Pozo Madrid)


jueves, 17 de noviembre de 2016

FUERA DE NOSOTROS

Yo sé que fuera, fuera de nosotros,
de ti y de mí, de este dolor doméstico
siguen pasando cosas.

Yo sé que en nuestro hermoso
mar Mediterráneo
no caben más cadáveres, 
que aquí mismo
se mueren las ancianas abrasadas,
paradójicamente
por engañar al frío, a la negrura
que a las seis de la tarde las envuelve.

Que se cuentan por miles las mujeres
asesinadas,
violadas,
torturadas,
humilladas
solo por ser mujeres.

Qué los niños vagan a la deriva
a merced de los ogros de los bosques;
que sobre escombros aún vomitan llamas
los dragones del aire.
Que no hay más dios ni amo que el dinero.

Que un jodido lunático fascista
va a gobernar el mundo
y esto es solo el principio, 
ya se frotan las manos sus acólitos
aquí, en la vieja Europa.

Yo todo eso lo sé, no se me olvida.
Pero no me da el ancho
para llorar por causas imposibles,
ya he agotado todas mis reservas de lágrimas.

Y si me queda un poco de energía
creo que la usaré por aquí cerca,
en lo que está a mi alcance, que no es poco.

domingo, 13 de noviembre de 2016

LOS VAQUEROS

Solo me juzgo por lo que siento, no por lo que razono. (Montaigne)
Recuerdo aquel verano -el del sesenta y cinco-
cuando eras aquel chico tan guapo que cantaba,
al que mejor sentaban los vaqueros.
Tú eras el capricho de las nenas,
el terror de los novios,
el sueño húmedo de suegras potenciales,
y yo apenas entraba en una adolescencia
boba y muerta de miedo, sin conciencia de mí
ni de que yo pudiera valer algo.

No sé por qué demonios te fijaste
en esa chica tímida
de la pandilla de los más pequeños,
el caso es que cualquier posible contrincante
regresó a sus cuarteles y replegó sus fuerzas
ante un rival con semejante historia.
Me dejaron inerme, teniendo que lidiar 
contra todas tus armas.
Dieciséis años contaba por entonces.

No hace falta que cuente lo que vino después
-largo noviazgo de pecados tristes,
muchas visitas al confesonario,
lunas llenas de cuernos,
propósito de enmienda,
dolor de corazón y al fin la boda
con el tul ilusión hecho jirones.

Cuatro hijos contando al que se fue
-revisando las fotos me preguntas
qué niño es cada uno de esos niños
que nos sonríen desde la memoria-,
el oscuro enemigo que se instaló en tu mente
hasta echarme de casa. Y los papeles rotos.

Muchos años perdida en espejismos
queriéndome morir más de mil veces,
pasiones desbordadas y un futuro imperfecto
por no saber cortar el hilo de la culpa
porque estabas ahí, tú siempre estabas,
tú y tu inmisericorde soledad,
la que todas las noches dormía a mi costado.

Pero ya no es cuestión
de andar pidiendo cuentas a la vida.
Ahora que no eres
ese chico tan guapo y los vaqueros
no te sientan tan bien, sabrás que existe
otra forma de amar
que no entiende de orgasmos,
que no va a derretirse entre gemidos,
pero que hoy, precisamente ahora
no va a dejarte solo.