miércoles, 20 de junio de 2007

VERANO

...o duermo y dejo la puerta de mi habitación abierta por si acaso se te ocurre regresar.

Más raro fue aquel verano que no paró de nevar...
(Joaquín Sabina)

Mañana entra el verano oficialmente, al menos en esta mitad del mundo. Pero este verano viene frío y desapacible, ambiguo e indeciso como la vida misma, y deja una sensación de intemperie en el alma.

En casa hay un rincón cálido, donde no llegan las corrientes ni el granizo; ahí te estoy esperando para que reposes, para que seques la lluvia que te empapa los pies y la melena; te pongas ropa ancha y calcetines y juntos esperemos a que escampe. Las tormentas son bellas y traidoras. Se llevan por delante la sosegada realidad que edificamos despacio, poco a poco, día a día. Los relámpagos deslumbran la mirada y apagan el entorno. Eclipsan la luz de aquella lámpara que compramos juntos para nuestro rincón y dejan a oscuras el futuro. Los truenos ponen sordina a mis palabras, se estrellan contra su propio eco y tú no las escuchas. Y yo no sé si es lunes o martes o domingo.

Ven, vamos a mirar juntos el cielo anaranjado, que el olor de la tierra nos penetre y plantemos un árbol en el suelo mojado. Ven, que nuestras lágrimas se unan en un río transparente y alegre donde lavar las penas.

Ven, que vamos a esperar a que llegue el verano y el calor derrita los dolores. Te invitaré a un helado de limón y me beberé las gotas que derrame tu risa.